Fotográfias realizadas por Picasso
Cuentan los más ancianos del lugar que, cuando Picasso se instaló con la parisina Fernande Olivier en el Hostal del Trompet de Horta de Sant Joan, en 1909, un grupo de puritanas apedreó el balcón de la pareja porque consideraban inmoral que vivieran juntos sin estar casados.
Indignado, el pintor salió blandiendo una pistola y ahuyentó a las mujeres. Así se lo relató a Elias Gaston, hoy presidente del Centre Picasso d’Orta, su abuelo, que a su vez lo había oído de su padre. Es una de las anécdotas sobre la segunda estancia de Picasso en la Terra Alta, de la que se cumplen 100 años.
Con motivo del aniversario, el Centre Picasso d’Orta inaugura mañana una exposición que reúne por primera vez 21 fotografías del pueblo tomadas por el artista, acompañadas por fragmentos de la veintena de cartas que una Fernande tremendamente aburrida escribió a Gertrude Stein y Alice Toklas durante los tres meses que estuvo en Horta. La muestra también recoge testimonios orales y documentos de la época rescatados por el historiador Salvador Carbó.
Picasso. Fotògraf d’Horta se exhibe hasta el 18 de octubre en el convento de Sant Salvador y es un valioso documento sobre el shock que supuso para un pueblecito catalán de principios del siglo XX la aparición de una pareja de hábitos tan modernos y excéntricos La muestra también aporta pistas sobre la influencia de la fotografía en la pintura del artista, uno de los aspectos menos estudiados de su biografía.
En el equipaje de su segundo viaje a Horta -el primero, diez años antes, le sirvió para recuperarse de la escarlatina y empezar a descubrir su genio-, Picasso llevaba telas, pinturas y una cámara de clichés de vidrio, tecnología
punta en aquel momento. «Entonces ya era un pintor de prestigio en París -explica Elias Gaston-. Eran los inicios del cubismo y él quería demostrar que sus cuadros no eran inventados, sino que correspondían a paisajes, objetos y personas reales».
LAS MUJERES / La foto del pueblo con la alberca en primer plano, puesto junto a una reproducción del cuadro La bassa d’Horta, abona la tesis. Las imágenes -que forman parte de un fondo de miles de fotos del Museo Picasso de París- y las agudas observaciones de Fernande han permitido descubrir, entre otras cosas, que Picasso no solo pintó retratos de su compañera en Horta, sino de otras mujeres del pueblo.
«Aquí nos han tomado por fotógrafos, gracias a la cámara que Pablo utiliza egoístamente y que apenas sabe usar», escribe Fernande (que por cierto, terminó hablando catalán) a Alice Toklas el 15 de juniode 1909. Al volver a París, Picasso pronunció su famosa frase: «He descubierto la fotografía. Ya me puedo morir. No tengo nada más que aprender».
El esfuerzo de documentación para la exposición ha desenterrado también anécdotas orales que, de otra forma, hubieran desaparecido: «Un día, Picasso invitó a sus amigos del pueblo al desván donde pintaba -relata el director del Centre Picasso-. Al ver aquellos cuadros cubistas, Tobías, que era el panadero de Horta, le dijo: ‘Mira, pintando no te ganarás nunca la vida, pero si es por mí nunca te faltará el pan’».
Los actos del centenario de la segunda estancia de Picasso continuarán en septiembre con la exposición de 28 retratos originales que el pintor hizo a sus amigos catalanes.



