¿Se puede fotografiar?
Estoy trabajando en un proyecto que me está llevando de aventuras por buena parte de Andalucía. He estado haciendo fotos en varios lugares y recientemente tocaba el turno del puerto de Algeciras.Como es mediados de agosto, el puerto está a rebosar. Miles de coches cruzan el Estrecho en un ritual anual que recuerda un poco a los documentales en los que los ñus cruzan el río, mientras los cocodrilos les esperan para comérselos.
Después de un par de horas dando vueltas, intentando encontrar un punto de vista que yo no haya visto un millón de veces antes, oigo no lejos de mí, un revuelo. La Guardia Civil está deteniendo a unos jóvenes marroquíes que llevan el salpicadero lleno de hachís. Los leones se han vuelto a comer al ñu.
Uno de los jóvenes se resiste fuertemente y un agente le mete una bofetada de las que te dejan la oreja sonando por dentro. Me acerco, me llevo la cámara al ojo y empiezo a disparar. Un agente me grita y me advierte de que no haga fotos. Me pregunta si tengo alguna acreditación y yo le enseño un impresionante carné de prensa de la Agencia Getty, de la que soy colaborador. Una obra de Arte. Así que este agente se encoge de hombros y me dice: “proceda”. Ya había probado la eficacia de tal documento hace unas semanas en los incendios de Ávila. La desmedida afición de las autoridades por la jerarquía y la burocracia, les lleva al absurdo de prestarle más atención a un trozo de papel que a la más mínima explicación por parte de un fotógrafo.
Total, que no he disparado una foto más, cuando una agente de los que estaban directamente implicado en la trifulca con los contrabandistas inexpertos se me acerca y pretende arrancarme la cámara. En poco tiempo se arremolinan alrededor de mí cuatro agentes y haciendo gala de la proverbial arbitrariedad que caracteriza a los uniformados de este buen país, se abre un debate acerca de si basta con que borre las fotos, si hay que requisar la cámara, si me van a denunciar o si van a llamar a la Autoridad Portuaria. Rápidamente se reparten los papeles, sólo que esta vez hay un ‘poli bueno’ y todos los demás son malos.
“Estamos en alerta terrorista” “No sabemos quién es usted” “Esto no tiene por qué verlo nadie” y finalmente, “denos el DNI para que procedamos a denunciarle”. Mientras los malos se entretienen cerca de una hora para fotocopiar mi DNI y escribir cinco líneas describiendo el motivo de la denuncia, el ‘poli bueno’ me dice que sabe de buena tinta que, aunque las haya borrado de mi tarjeta, las fotos se pueden recuperar. También me explica que España es el país del mundo en el que la prensa tiene la mayor libertad de acción del mundo. Le miro con cara de incredulidad y le recuerdo que mientras él me cuenta eso, sus compañeros han estado a punto de requisar la cámara y que, de todos modos, me están denunciando.
“Dentro del puerto no se pueden hacer fotos”. Yo no he visto un sólo cartel que diga eso. En China hay carteles en todos los lugares no permitidos, que dejan bien claro cuándo no se debe sacar la cámara. Aquí, no está claro. Es a discreción del uniformado de turno.
Yo he tenido altercados de este tipo con casi todos los guardias de seguridad de Madrid. Con algunos policías municipales, pero aún no había probado la medicina de la Guardia Civil. Tienen una gran facilidad para hacerte sentir que si no te muerdes la lengua te va a caer ‘la del pulpo’. Que mejor será que les rías las gracias y hagas como que no te están avasallando.
Anécdotas para todos los gustos
Mientras ocurre todo esto que cuento, detienen otro coche que conduce una joven marroquí, en el que viaja también su madre y dos niños. El perro policía se ha vuelto totalmente loco. Ha señalado los bajos del coche. Yo estoy apoyado a una pared. Gracias a la lentitud de los agentes del Cuerpo, puedo presenciar todo el proceso de desmontado del coche. Un guardia bromea con un taladro, que hace girar como si fuera un revólver. Otro le responde amenazándole de broma con una barra de hierro. Entre los dos consiguen encontrar el alijo, que es bastante grande. “¡Ya ha aparecido la carne!” “¡Detenida hasta la abuela!” La mujer implora que no le pongan las esposas delante de los niños. Los agentes acceden.
Creo que son conscientes de mi presencia, aunque tenga la cámara dentro de la bolsa. Uno de ellos me dice: “Mira lo que te has perdido por listillo”. Así que siguiendo la conversación de besugos le pregunto si puedo solicitar un permiso ahora mismo para “efectuar fotos en un recinto restringido” El ‘poli bueno’ se cachondea y el malo se impacienta. Hubiera estado muy bien, a fin de cuentas, hacer todas esas fotos. Pero no ha podido ser. De un modo u otro, todo lo que es susceptible de ser polémico tiene un lastre difícil de quitar. Acaba ahogándose.
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